Entrevista a Luis Mollá

21 Ene

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Entrevista a Luis Mollá

Hace unas semanas, compartí la reseña de la novela ‘El Almirante’ (Almuzara) de Luis Mollá. En esta ocasión, comparto unas preguntas que su autor tuvo a bien contestarme acerca de la obra.

Ginés Vera: El final de la Guerra de Sucesión creo que fue una debacle para nuestro país. No solo el imperio español se desmoronó. También la Paz de Utrech nos despojó de las posesiones en Europa, desde las italianas, a Holanda, Menorca o Gibraltar. Encumbrándose además Inglaterra como potencia naval europea. Háblenos de este hecho coetáneo a las vicisitudes de Blas de Lezo.

Luis Mollá: Los Borbones recogieron una España desmembrada y sin Marina, que es tanto como decir sin capacidad defensa. Cierto que la Guerra de Sucesión se decantó del lado Borbón, pero a costa de todo tipo de concesiones como las que ha mencionado usted. Y otras muchas de tinte administrativo que siguieron al afrancesamiento de las costumbres al adaptarse al modelo Borbón.

Ginés Vera: Ciñéndonos al personaje de Blas de Lezo, es curioso como por tres veces le ofrecieron nombramientos por parte del rey, unas distinciones incluyendo puestos lejos del frente de batalla, incluso con una pensión vitalicia, pero él los rechazó porque prefería combatir a apoltronarse en la Corte. Háblenos de ese rasgo distintivo de su carácter, del imbatido Blas de Lezo.

El almirante

Luis Mollá: Así era el personaje. Un hombre dotado de un extraordinario espíritu patriótico que a pesar de sus taras físicas no admitió destinos de burócrata, pensando que en aquellos momentos de zozobra, coincidiendo con la Guerra de Sucesión, todos los brazos eran pocos, aunque en su caso fuera uno solo.

Ginés Vera: Antes de amputarle la pierna, el barbero le dio a beber a Lezo aguardiente y a oler un trapo impregnado con láudano. Años más tarde, hubieron de tratarle el ojo mediante tópicos a base de sangre de pichón, azúcar y sal marina. Es indudable lo que ha avanzado la medicina desde entonces.

Luis Mollá: La medicina a bordo de los barcos llegaría después de Lezo. Antes, y en su época, existía una barbero, figura que podríamos traducir como enfermero. En cuanto a los cirujanos, embarcaban en caso de combates y su práctica se reducía a las amputaciones. La Armada fue la primera institución en crear (en Cádiz) un colegio de medicina, que tuvo mucho que ver en la sanación de Lezo cuando cayó enfermo de fiebre amarilla.

Ginés Vera: Además del glosario naval al inicio de la novela, quizá hubiera sido interesante -lo indico con humildad-, haber incluido quizá otro con algunos términos que van apareciendo en la novela como: izar estays, los penoles de las gavias, adujar cabos, lascar y amurar escotas, largar el trapo, izar la grímpola, fachar las velas, el nostramo, el combés o los serviolas…

Luis Mollá: Le doy toda la razón. El lenguaje marinero está reñido con el literario, pues si bien cualquier escritor ejercita su trabajo con un diccionario de sinónimos cerca, esto es imposible en el caso del mar, donde cada palabra y solo esa palabra tienen el significado que corresponde. La palabra “derecha” tiene varios sinónimos que se pueden intercambiar, pero en la mar solo vale escribir “estribor”. Me gusta la sugerencia y tomo nota.

El Almirante. Luis Mollá. Editorial Almuzara. ISBN: 978-84-17418-14-4

Gines J. Vera
Gines J. Vera

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